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Letras

El niño en la literatura desde la mirada del psicoanálisis

Dra. Haydee Kohan, Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Autora del libro: Diccionario de la sexualidad a partir del psicoanálisis estudio de las sexualidades - las homosexualidades - las perversiones.

Mucho podemos inferir acerca de cómo fueron tratados los niños y cómo lo siguen siendo través de la literatura, del periodismo, la filmografía la trasmisión oral. Es innegable la decisiva influencia de Freud a partir de sus primeros escritos y más tarde su descripción del aparato psíquico temprano, pasible de ser inundado por el mundo externo. A partir de estos descubrimientos el niño se comienza a visualizar como nunca antes lo había sido. El concepto de maltrato nace a partir de que se reconoce la indefensión y vulnerabilidad del niño pequeño, pero también, al alertarnos Freud de cómo, las vivencias del niño desde un primer momento repercutirán en el sujeto adulto. Hasta la divulgación y clara comprensión de conceptos freudianos, los niños eran personajes invisibles, transparentes, sin existencia y por lo tanto sin respaldo legal. Estaban a merced de los mayores, fueran estos padres abuelos empleadores hermanos, sacerdotes, maestros. Y eso no fue cuestionado hasta hace muy poco. En todas las épocas se registran casos en que la indefensión en lugar de ser motivo de protección por las leyes, fue algo que facilitó los excesos.

La literatura acerca de padres e hijos

Diccionario de la sexualidad a partir del psicoanálisis

Ha habido padres e hijos desde los comienzos del mundo. La literatura Universal nos permite acceder al modo como se pensaba de los niños, cómo se los consideraba y el lugar que ocupaban a través de la historia. Visualizamos a través de los grandes escritores, el lugar que se les asignaba a los chicos en la mente de los que escribieron los libros. Cuanto más retrocedemos en el tiempo más aparece el maltrato a niños o fallecimiento de ellos como un hecho de tantos. Hace cien años se mencionaba más la muerte de un burro como en “Platero y Yo” de Juan Ramón Giménez que de un niño. Solo al comenzar el siglo XX se produjo un cambio sustantivo y este se refleja en la literatura. Antes aparecen “los niños” que juegan, se enferman, fallecen. A veces el autor de la novela ni se preocupa de que cumplan años. Están allí como un relleno o utilería. Sófocles nos muestra un padre que podía mandar a matar a su hijo (Edipo). Agamenón, sacrifica a su hija Ifigenia para que sus naves puedan avanzar hacia Troya y recuperar a Helena, esposa de su hermano Menelao. Los niños no significan demasiado en el argumento de grandes escritores de las grandes obras, sean los Antiguos, Ovidio (al comenzar nuestra era) o Shakespeare, Dostoievski o Tolstoi.
En Shakespeare, (1564-1616) aparecen en “Ricardo III” los dos pequeños príncipes, uno de ellos heredero al trono. Su madre los va a visitar y saludar y comenta que “le han informado que el menor, está mucho más alto que la última vez que lo vio” (quizá años). Tanto el heredero como su hermano poco después son asesinados en la Torre por orden de su sanguinario tío Ricardo.
En “La Tempestad” Miranda junto con su novio el príncipe de Nápoles son maltratados por Próspero el padre de la niña, que los somete a una gran dependencia, antes de consentir su unión. En Pericles, Marina es una huérfana dejada por su padre en custodia con quienes cree sus amigos. La niña va a parar a un burdel y es luego rescatada. En “Cuento de Invierno” “Perdita” la hija del celoso Leones y Harmonía es abandonada en una playa.
En “El Jugador”, de Dostoievski (1821-1881), los hijos del general del cual “El jugador” es el preceptor, aparecen solo para darle sentido a la presencia del personaje. De los niños en esta u otras obras no se sabe si son felices desdichados ni su aspecto.
En Tolstoi los hijos de Oblonsky hermano de “Anna Karenina”, o no crecen nunca, o crecen de golpe. El niñito Aliosha hijo de “Ana” no tiene existencia real.
Recién en la obra de Charles Dickens hay reflejada la presencia de niños con sus problemas con lo cual puede considerárselo un precursor. Dickens se ha basado mayoritariamente en su propia, azarosa vida. Se ha dicho de Dickens que ofrecía un panorama sombrío de la infancia. Pero Charles Dickens no ha hecho más que reflejar su propia historia de la cual parte toda su inspiración. En su infancia debió ver como su padre se endeudaba y era encarcelado (que quizá aparece en el personaje Mycawber). Él era puesto a trabajar de niño. Dickens nos presenta chicos en riesgo, salvados milagrosamente por algún benefactor. En “Grandes Esperanzas”, el niño Pip huérfano vive con una hermana casada que lo golpea y él trabaja en una fragua. Un día es llamado a entretener a una niña rica y por caminos impensados se libera de su mundo sórdido.
Vemos en Ibsen (1828-1906), tres obras de teatro de su última época en que aparece la muerte de niños como un hecho circunstancial o coyuntural que poco significa para los personajes. Aunque el autor de algún modo lo denuncia como falta de sentimientos paternales.
En El maestro Solness. El famoso arquitecto habita una hermosa vivienda. Su casa anterior se ha incendiado pereciendo en ella sus dos hijos. Este episodio resulta irrelevante comparado con la ambición de Solness que considera a los jóvenes sus enemigos porque desean ocupar su lugar. Sin anunciarse llega Hilda, una jovencita que funciona como mensajero del Destino. Ella lo admiró de niña. Le recuerda cómo él realizó una construcción en su pueblo y subió a lo alto de los andamios colocando una corona de ramas. Otro personaje es la esposa de Solness que le confía a la jovencita que lo que considera irreparable no es la muerte de los niños sino que en el incendio, han ardido todas sus muñecas que ella guardaba desde su infancia y eran el sentido de su vida. Hilda tiene la edad que tendrían los niños fallecidos. Desafía al maestro a que otra vez se trepe a lo alto a colocar la corona de ramas como homenaje a ella. El arquitecto se entusiasma, trepa, y cae partiéndose el cráneo El mensaje pareciera ser que si no matamos a nuestros hijos ellos nos matarán a nosotros.
Marcel Proust (1870-1922) en una suerte de auto-biografía relata en primera persona su vida de niño enfermizo, sobre-protegido, aislado. Su madre lo premiaba con sus besos a cambio de que estuviera siempre enfermo humillado, dependiente.
Recién afirmado el siglo XX a partir de Freud, los ojos del mundo se sensibilizan hacia la figura del niño. Autores del siglo coetáneos de Freud o posteriores a él ya hablan del niño - protagonista como un ser con vida propia. Entre los autores que han recogido este mensaje destacamos a Janusz Korczak (1879-1942) con “Si yo volviera a ser niño” o Saint Exupery (1900-1944) con “El Principito” o Milán Kundera en “La vida está en otra parte”.
El niño se hace presente como sujeto de conflictos en gran parte por la mencionada influencia decisiva e irreversible del psicoanálisis.
Exupery (1900-1944). “El Principito cuento de Navidad” Nos habla de la desatención de que es víctima el niño. De cómo tratan de enseñarle cosas que no son importantes, De cómo lo atiborran de cifras y leyes y no favorecen su creatividad. No entienden sus mensajes. En el libro Antoine niño, dibuja una boa que se tragó un elefante, pero nadie se asusta de su dibujo. Lo confunden con un sombrero. Recién cuando Antoine, aviador se pierde con su avión en el desierto y va a morir de sed, conoce a un “niñito” que le devela “los secretos de este mundo”
Milán Kundera nos habla de Jaromil en “La Vida está en otra parte” ubicada en la Praga ocupada por los comunistas. Se trata de un niño Checoslovaco Jaromil, que está lleno de sueños que van quedando sin concretar. Tiene un amigo imaginario Javier, que es el triunfador, el que conquista a las chicas concreta ideales de notoriedad, de amores grandiosos, de viajar sin planes, de vivir al día. Jaromil en cambio, intenta escalar posiciones en el Partido Comunista congraciarse, y lucha sin éxito para sustraerse a su ligamen con una madre, viuda de guerra, asfixiante que se presenta como única alternativa a la que termina sucumbiendo.
A último momento enfermo de pulmonía vuelve a ser el niño adorado de la madre. En su agonía observa que Javier ya no lo acompaña. Su amigo imaginario escapa por una ventana.

El niño en la literatura


 

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